Todos conocemos la enfermedad y sus causas, pero nos rehusamos a tomarnos la medicina.

La congestión vial en las principales ciudades de República Dominicana, especialmente en el Gran Santo Domingo, ha dejado de ser una molestia cotidiana para convertirse en una amenaza estructural para la calidad de vida, la competitividad económica y la salud pública. Las filas interminables de vehículos, el ruido, la contaminación, los tiempos muertos y el estrés de millones de personas son síntomas de un sistema de movilidad roto. Pero, ¿seguiremos diagnosticando el problema sin aplicar los tratamientos que ya existen?
El Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) del Gran Santo Domingo, elaborado en 2019, ofreció un mapa claro hacia una ciudad más fluida, conectada y humana. Sin embargo, su implementación avanza con lentitud, dejando a la población atrapada en un modelo centrado en el automóvil privado, insostenible y desigual.
Diagnóstico compartido, soluciones postergadas
Según el PMUS, el 80% de los viajes en la ciudad son realizados por personas que no tienen acceso al automóvil propio. Sin embargo, más del 70% del espacio vial está ocupado por vehículos privados, muchos de ellos con un solo ocupante. Mientras tanto, el transporte público colectivo, como los autobuses y el metro, enfrenta limitaciones de cobertura, frecuencia y prioridad en las vías. Las motocicletas, muchas de ellas informales, proliferan como respuesta al colapso del sistema, generando altos índices de accidentalidad y contaminación.

Los embotellamientos son la consecuencia directa de una ocupación ineficiente del espacio vial y de décadas de expansión urbana desordenada. Cada mañana, las principales avenidas y puentes de la capital colapsan porque la mayoría de los viajes se concentran en horarios pico y en los mismos corredores viales.
La República Dominicana: un país sobre ruedas, atrapado en su propio parque vehicular
La República Dominicana ostenta un récord preocupante: es el tercer país con mayor nivel de motorización en América Latina y el Caribe, superado solo por México y Panamá. Con una tasa que supera los 400 vehículos por cada mil habitantes, el crecimiento del parque vehicular dominicano ha sido explosivo y descontrolado, especialmente en las últimas dos décadas. Solo entre 2008 y 2023, la cantidad de vehículos registrados prácticamente se duplicó, con un incremento notable de motocicletas y automóviles privados.
Este fenómeno no es simplemente una estadística: es la raíz directa de la saturación crónica de nuestras calles y avenidas. Cada nuevo vehículo que entra en circulación ocupa espacio físico en una infraestructura vial que no crece al mismo ritmo. Como resultado, la capacidad vial instalada ha sido sobrepasada, generando cuellos de botella en las principales arterias urbanas y provocando extensos períodos de congestión durante todo el día, no solo en horas pico.

La lógica es irrefutable: más vehículos privados en circulación = menos fluidez, más embotellamientos y menor eficiencia del sistema de movilidad. Peor aún, gran parte de estos vehículos se mueven con baja ocupación (una sola persona) o en condiciones informales, inseguras y contaminantes. Es un sistema de movilidad altamente individualista, ineficiente y costoso en términos de tiempo, espacio, salud y recursos.
En este contexto, la motorización excesiva no representa progreso, sino una trampa de desarrollo. Una ciudad donde cada ciudadano necesita un vehículo para acceder a educación, salud o empleo, es una ciudad que ha fracasado en garantizar movilidad como derecho. Por eso, revertir este modelo no solo es deseable, es urgente y posible, a través de políticas que reduzcan la dependencia del vehículo privado y prioricen sistemas masivos, colectivos y sostenibles.
El espacio vial: una riqueza mal repartida
El PMUS propone una idea central: reordenar el uso del espacio vial, no ampliarlo. La solución no es más asfalto, sino mejor distribución y priorización. Entre las medidas ya estudiadas y planteadas están:
- Corredores de autobuses con carriles dedicados o preferenciales, que aseguren velocidad, frecuencia y confiabilidad. La prioridad debe ser para quienes transportan más personas.
- Reorganización del estacionamiento, eliminando el parqueo en vía en tramos estratégicos, regulando con grúas, parquímetros y zonas de carga y descarga bien planificadas.
- Expansión del transporte escolar e institucional, tanto público como privado, para reducir los viajes individuales en vehículos familiares durante las horas pico.
- Modernización y formalización del transporte colectivo informal, integrándolo a una red planificada, profesional y regulada bajo licencias, flotas modernas y operadores capacitados.
- Diseño de redes de alimentación e intermodalidad, conectando rutas secundarias con estaciones de metro, teleférico y buses troncales. Mover personas, no carros.
- Promoción del transporte activo y la movilidad peatonal, con mallas peatonales y ciclistas continuas y seguras, reconectando barrios fragmentados.
Una deuda institucional y una oportunidad urbana
A cinco años de su publicación, el PMUS permanece en gran parte como un documento visionario con baja ejecución. Sin embargo, su vigencia y pertinencia siguen intactas. La falta de una alineación de instituciones hacia las instrucciones de una autoridad de movilidad y transporte limita la ejecución coordinada entre los municipios del Gran Santo Domingo. El INTRANT ha avanzado, pero requiere más poder operativo, técnico y presupuestario para liderar una transformación que no puede seguir postergándose.

Las ciudades dominicanas tienen ante sí una elección trascendental: continuar ahogadas en su propio tráfico o dar un salto cualitativo hacia una movilidad que libere tiempo, mejore el aire, salve vidas y dinamice la economía.
Lo que está en juego es la calidad de vida, el futuro urbano y la justicia espacial. Porque no se trata solo de moverse mejor, sino de vivir mejor. La congestión vial no es un mal inevitable, es una consecuencia reversible. Pero requiere voluntad política, planificación coherente y la audacia de devolverle la ciudad a las personas.
