El sistema político administrativo de la planificación urbana en nuestro país requiere de una intervención profunda que permita agilizar y promover una participación activa y sostenible de la sociedad civil en la construcción de las ciudades. Esta construcción debe buscar como fin ulterior la prevalencia del interés general sobre los intereses particulares que a la fecha han dado forma a nuestras ciudades. Evitando que sigamos creciendo predio a predio.

Se entiende como crecimiento predio a predio al modelo de desarrollo urbano caracterizado por el crecimiento de la ciudad a base de intervenciones desarticuladas proyecto a proyecto. Beneficia el crecimiento lineal sobre los ejes viales y la generación de lotes con geometrías irregulares.
Es necesario definir claramente un sistema de planificación en cascada, que fortalezca la planificación regional y brinde mayor autonomía a las municipalidades en la formulación y aprobación de sus planes reguladores.
Es imperativo que se reduzca el ruido provocado por la intervención constante de diversas instituciones que reclaman “la rectoría” de la planificación urbana. Uno de los principales causantes de la parálisis en la planificación urbana es la posición volátil, temerosa y poco confiable del gobierno central, no dando al tema urbano la importancia que requiere. Esto sumerge a las municipalidades en un galimatías interminable a la hora de buscar la aprobación de los planes reguladores.

Dicho esto, las municipalidades deben tener las capacidades instaladas para coordinar y gestionar sus planes reguladores cantonales, dejando de lado paulatinamente la inadecuada práctica de la subcontratación total del plan regulador, o bien, de su elaboración por parte del gobierno central.

Es importante incorporar el concepto del ordenamiento territorial en la gestión urbana y promover de manera clara un modelo de ciudad compacta, sostenible y amable con los seres humanos. Se debe vencer el enfoque reglamentario del urbanismo y avanzar a procesos más dinámicos y participativos de gestión consorciada de la ciudad, haciendo énfasis en la renovación de las ciudades y en el uso de los instrumentos de gestión del suelo presentes en el urbanismo contemporáneo. El concepto mismo del plan regulador debe redefinirse y evolucionar hacia planes de ordenamiento territorial más integrales y estratégicos.

Las ciudades intermedias tienen el potencial de convertirse en polos de desarrollo regional y de esta manera disminuir las disparidades entre las regiones. El país debe valorar la posibilidad de pasar de un sistema de ciudades totalmente centralizado a un sistema con ciudades intermedias de mayor jerarquía. El crecimiento de estas ciudades debe buscar el fortalecimiento de la competitividad territorial y el descongestionamiento paulatino del GSD.

Se entiende por proyectos de escala intermedia a aquellas intervenciones que se ubican entre la escala del plan regulador y la construcción de proyectos, implica la redefinición de un amplio sector de la ciudad. Es vista como una intervención única, con diferentes etapas de implementación, las cuales pueden incluir el reajuste de las geometrías tanto de lotes como de calles y espacio públicos. Son intervenciones que ayudan a completar o redefinir el tejido urbano en un sector determinado de la ciudad.

Por “tejido urbano” se entiende los componentes básicos que estructuran la ciudad de una manera funcional: La Trama vial, incluyendo los diferentes tipos de movilidad, el amanzanamiento, asociado a la configuración de las cuadras y la provisión de espacios públicos, y los usos del suelo, relacionados con los aprovechamientos, los parámetros constructivos y los tratamientos urbanos específicos. Si el tejido urbano se consolida, contará con un desarrollo claro de los tres componentes antes mencionados.