Mientras la tecnología ha avanzado de manera exponencial, trazando nuevos esquemas de comunicación, mejorando el manejo de gran cantidad de datos y acercando sociedades y mercados, la educación en República Dominicana se ve aun estancada, tratando de romper viejos paradigmas que la mantienen aún desconectada de la demanda del mercado laboral, del aprendizaje necesario para la creación de nuevos emprendedores y el fomento de la investigación, siendo esta última la que ha hecho diferencia entre ser un país desarrollado y no serlo. Es urgente hacer una reingeniería del modelo educativo para relanzarlo.

No podemos seguir conformándonos con un sistema educativo deficiente en calidad y contenido. Los tiempos son cambiantes, como en todo en la vida, amerita ser eficientizado. No sólo en su personal docente sino hacia adonde apunta su contenido.


En un mundo de mercados, de finanzas, de nuevas tecnologías, de la tecnificación y del emprendurismo obliga a repensar que le estamos enseñando a nuestros hijos para estar preparados para el mundo real.
El modelo actual crea muchos profesionales con mentalidad de empleados y no emprendedores. Un país con mucha mano de obra, pero sin tecnificación acorde a la demanda. Casi nadie recibe educación financiera de calidad por lo que vemos empeorar la situación financiera de millones de familias año tras año, desconociendo además que como funciona el mercado de inversiones y valores. La cantidad creciente de profesionales desempleados sigue siendo bochornosa.

Urge una reforma educativa, comenzando por el modelo educativo. Conectarlo a los principales ejes de desarrollo locales y regionales, más que a los nacionales. Optimizar mecanismos pedagógicos para lograr mejores ciudadanos funcionales y productivos, desde los primeros años donde el nivel cognitivo lo permita.

Los niños son esponjas de conocimiento, pero mucho más lo son de las acciones que observan, son espejos del entorno o en casos extraordinarios un reflejo contrario. Desde modelar conductas otra evitar sociopatías, hasta crear seres de cuestionamiento y enriquecimiento constante de conocimientos, a partir de la práctica tanto como de la teoría detrás de las mismas.

No hacemos mucho con un sistema educativo que sólo se concentre en fomentar la memoria de conocimientos empaquetados en libros cada vez menos efectivos. Debemos apostar al empirismo educativo, la práctica constante. El hacer a la par con el saber

Entender como aprovechar el talento de cada alumno, desde la diversidad de habilidades y de la pasión que les genera una u otra capacitación, así poder potenciar el talento hasta convertirlo en oficio productivo. Evitando que algunos se sientan inadaptados o poco valorados por un sistema arcaico que no valora su talento inexplorado.

Por esto debemos promover la educación del talento, la educación práctica y la educación hacia los ejes estratégicos.