Muchas veces escuchamos o leemos la frase «una ciudad para todos», la cual provoca una esperanza de una ciudad equitativa, para cada uno de los que residen allí. Pero las acciones de nuestras Alcaldias en torno a la aplicación de regulaciones y la falta falta de una verdadera planificación urbana desarrollista, nos dice que la realidad es otra. Nuestras ciudades parecen enfocar su naturaleza a una relación hogar-trabajo y viceversa, donde se pierde grandes cantidades de tiempo y generando angustia día a día.

El ciudadano debe ser el centro
Una «ciudad para todos» debe ser una ciudad pensaba para el ciudadano, donde cada plan incluya acercar los servicios dentro del tejido urbano, haciéndola más compacta y con fluida movilidad que permita ir desde la vivienda al comercio, al gimnasio, al centro de estudio, al hospital, al parque urbano y hasta la recreación en menos de 15 minutos, de uno al otro.
En los países con mejor calidad de vida urbana, sus arquitectos han priorizado la habitabilidad, la sostenibilidad, la movilidad y el empoderamiento ciudadano. Unos principios que se manifiestan en los parques verdes, los espacios públicos bien mantenidos, en las robustas redes de transporte y en la accesibilidad para niños y personas mayores.
Este objetivo debe ir acompañado por una «fuerte disciplina de participación» que alienta a aquellos que toman decisiones a pensar en distintos grupos a la hora de planear áreas urbanas y a incluirlos directamente en las conversaciones.

Se ha puesto mucho esfuerzo en construir sociedades más igualitarias. Donde las zonas residenciales más económica no distan demasiado de las de clase media alta y las zonas comerciales, permitiendo a las primeras acceder de igual modo a los comercios y otros centros. A través de una red bien estructurada de transporte masivo. Reduciendo los tiempos de movilidad hogar-trabajo y trabajo-hogar a no más de 15 a 20 minutos.

Se debe hacer mayor énfasis en los espacios públicos y su relación con lo verde, históricamente hemos dejado que la construcción gris se apodere de nuestras calles, fachadas y mobiliarios urbanos. Debemos rescatar la naturaleza haciendo sinergia con la arquitectura de nuestras ciudades. Utilizar incluso sistemas de drenajes ecológicos, arborizacion adecuada de aceras y mayor cantidad de parques urbanos.


ACCESIBILIDAD, SIGUE SIENDO UN RETO
El urbanismo en República Dominicana debería ser inclusivo y no estoy seguro si lo es tanto como se describe o dicen estar comprometidos para serlo. Aún se siguen construyendo kilómetros de aceras sin tomar en cuenta las rampas para discapacitados no los dispositivos auditivos que permiten a un no vidente cruzar la calle en el correcto momento. Ni plazas con bocinas que indiquen la cercanía a los ascensores y sus controles.

SOLUCIÓN, NO HAY RECETA PERFECTA
Al igual que muchos urbanistas internacionales, creemos que el urbanismo actual es bastante homogéneo y puede promover una perspectiva limitada. Le falta adaptabilidad a cada realidad social de cada ciudad y cada país. Pero el verdadero escollo está en que el reglamento estricto y la cultura de consensuar todas las decisiones pueden impedir la innovación. Más si los consultados no son expertos en la materia.
Se debe repensar la ciudad en torno a la movilidad física, cultural y social, esta debe ser la principal prioridad en el futuro. Necesitamos poder pensar de una manera holística para incentivar la participación y la experimentación, y poder lograr un verdadero plan estratégico urbano que derive en el desarrollo que beneficie a todos.
Mientras las ciudades crecen y se vuelven prósperas, tenemos que mirar los problemas que el desarrollo conlleva, como la creciente desigualdad o la falta de vivienda asequible, o el congestionamiento exponencial de nuestras calles y avenidas. Por lo que no podemos seguir perdiendo el tiempo sin ejecutar un plan adecuado, y para ello, hay que elaborar uno, para cada ciudad. Esta tarea es de cada Alcaldía y su Dirección de Planeamiento Urbano.
