
Santo Domingo Este, como sus hermanas ciudades del Gran Santo Domingo, se ha consolidado como una de las más pujantes ciudades de nuestro país, con importantes corredores y avenidas. Algunas han recibido recientes ampliaciones y remozamientos, no obstante las mejoras viales que se han hecho, muchos de sus tramos no poseen la mínima calidad urbana ni la accesibilidad que se debe asegurar, donde los vehículos, en movimiento o aparcados, y los negocios informales han tomado la aceras para recibir sus clientes.
A ambos lados encontramos estacionamientos con retroceso a la vía, dejando sin espacio ni acera a los peatones, sin mencionar la imposibilidad de vegetación que brinde un mínimo confort o valor paisajístico. El único espacio que queda lo ocupa un poste del tendido eléctrico o algún negocio ambulante informal.

Una de las primeras cosas que se nos viene a la mente que hace falta son árboles, en especial los idóneos para estar en aceras, pero no hay espacio en ellas y tampoco se puede disminuir la capacidad vehicular, como la máxima prioridad que nuestros planificados han adoptado por décadas, en detrimento del peatón. Por otra parte, los accesos a las grandes plazas comerciales forman fuertes congestionamientos, más aquellos que presentan perpendicularidad hacia las vias. Estas plazas y otros edificios de interés público construidos sin suficientes parqueos, sobrecargan el sistema.
Tratando de buscar una solución que concilie estas situaciones se debe hacer una propuesta que utilice el subsuelo. Primero para generar estacionamientos subterráneos bajo los nuevos negocios como en los espacios públicos (o privados adquiridos por el Estado para este propósito) e incluso estacionamientos elevados como los del proyecto de Alianza público privada ParqueateRD, y así generar en la superficie mayor espacio público tan necesario. En segundo lugar, se debe enviar a un nivel inferior la circulación vehicular principal y así dejarle la superficie al peatón y a una circulación vehicular de bajo impacto que solo involucre el transporte público.
Así se lograrían generar espacios verdes y evitar la construcción de pasos elevados peatonales que caen en desuso lamentablemente y al final solo contaminan el paisaje urbano, o plantear una estrategia de urbanismo táctico para incentivar su uso.


Se debe arreciar la aplicación del régimen de consecuencias a aquellas invasiones de nuestros espacios públicos, revisar, sancionar y corregir aquellas construcciones que desaprensivamente se roban nuestros espacios. Para ello se debe acabar la mafia de las aprobaciones de estas construcciones ilegales, en especial las apropiaciones ilegales de las áreas verdes en las zonas urbanizadas.
No es una tarea fácil, pero no imposible si se tiene el interés y un compromiso férreo para alcanzar la meta.
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