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Santo Domingo. Pasar de una carrera de motores que detiene una autopista a una competencia con inscripción, jueces, protección y asistencia médica ya tiene un primer antecedente documentado en el Autódromo Las Américas. La oportunidad merece apoyo: ofrecer a quienes buscan velocidad una ruta deportiva puede ayudar a que abandonen una práctica que expone también a peatones, pasajeros y conductores ajenos al desafío.

Convertir esa posibilidad en un cambio duradero exige más que abrir las puertas de una pista. Hace falta una escuela de entrada, apoyo para el equipo de protección, un calendario que la gente pueda costear y una regla compartida: el aprendizaje deportivo debe acompañarse del respeto a la vida en la vía pública.

Un primer paso que ya se puede documentar

Un reportaje de El Informe con Alicia Ortega, publicado por Noticias SIN el 28 de septiembre de 2026, documentó una jornada de reconocimiento con 50 pilotos de alta y baja cilindrada en el autódromo. Participaron personas vinculadas al ambiente de las carreras en las calles y representantes del deporte motor. La actividad permitió conocer la pista y las condiciones exigidas para competir.

Ese avance debe contarse con precisión: una jornada de reconocimiento acredita un acercamiento concreto, pero no demuestra que todos sus asistentes hayan dejado definitivamente las carreras clandestinas, eso sería utópico. En la fecha de aquel reportaje todavía no se había fijado el inicio de las competencias formales. Hoy, ya son una realidad con una participación 10 veces mayor.

El proceso tenía antecedentes. Diario Libre informó el 26 de marzo de 2026 sobre una propuesta de Rescate Juventud RD, encabezada por Jeffry Jiménez, junto con representantes del motociclismo. La noticia mencionaba la identificación de 300 organizadores de carreras para involucrarlos en la transición. Esa cifra describe organizadores contactados, no pilotos inscritos en una misma jornada.

La información aportada a Movilidad Urbana RD para este artículo sitúa el alcance potencial de los grupos involucrados en más de 500 competidores y mecánicos, los cuales han asumido y mantenido el compromiso de retirarse de las calles, en su enorme mayoría.

El «crédito de calle» puede convertirse en liderazgo deportivo

Quien tiene ascendencia sobre un grupo puede facilitar que otros prueben una ruta diferente. Un piloto respetado o el mecánico de un taller reconocido pueden convocar a personas a las que una campaña institucional difícilmente alcanza. Esa influencia abre una oportunidad para que el prestigio se construya mediante disciplina, preparación y resultados bajo reglas comunes.

La incorporación debe ofrecer responsabilidades concretas: cumplir las instrucciones de los oficiales, respetar las decisiones técnicas, cuidar al público y ayudar a que los nuevos participantes entiendan las exigencias del deporte. El compromiso de abandonar las carreras en vías abiertas necesita seguimiento, además de una declaración pública.

Para una familia que transita por Las Américas o la 6 de Noviembre, el resultado relevante es poder completar su viaje sin encontrar la vía tomada por una competencia. Para el joven que quiere participar, es disponer de una alternativa real al próximo reto en la calle. Ambas necesidades deben orientar el programa.

Una escuela antes de competir y una charla antes de cada salida

El proyecto propone que la transición incluya formación inicial y una charla obligatoria de seguridad antes de cada jornada. Son funciones distintas. La primera permite evaluar y desarrollar capacidades; la segunda repasa las reglas del evento, las señales, la respuesta ante incidentes y las condiciones particulares de ese día.

El taller de entrada debe estar a cargo de instructores competentes, con ejercicios progresivos en un recinto preparado. También debe enseñar a reconocer los propios límites, respetar a los demás participantes y detener una práctica cuando las condiciones dejen de ser adecuadas. La educación para circular en la calle necesita un módulo propio: peatones, intersecciones, velocidad permitida y convivencia.

La destreza deportiva y la conducción cotidiana tienen objetivos diferentes. Aprender a competir requiere aceptar que la calle sigue siendo un espacio compartido, donde nadie ha consentido participar en una prueba de velocidad.

La evaluación del programa debe ser rigurosa. Una revisión Cochrane sobre formación de motociclistas, basada en estudios localizados hasta octubre de 2008, encontró evidencia insuficiente para establecer qué cursos reducían siniestros o lesiones. Es una revisión antigua y no evalúa esta iniciativa dominicana; sirve para recordar que impartir talleres, por sí solo, no acredita una reducción del riesgo, requiriendo otros complementos.

La protección tiene que caber en el presupuesto del participante

Exigir indumentaria sin atender su costo puede dejar fuera a quienes se pretende incorporar. Un fondo transparente de becas, patrocinio o préstamo controlado de equipos permitiría apoyar a participantes que cumplan los requisitos, con criterios públicos y acceso también para principiantes que nunca hayan corrido ilegalmente.

Ese apoyo debe asegurar tallas apropiadas, estado verificable y cumplimiento del reglamento de la disciplina. Entregar un casco o un traje para la fotografía no resuelve la necesidad. Deben existir responsables de comprobar su adecuación y de retirar cualquier equipo que deje de ser apto.

El Código Médico de la Federación Internacional de Motociclismo, edición 2026, ofrece una referencia sobre aptitud médica y servicios de atención en eventos. Su aplicación concreta depende del ámbito de la prueba y del reglamento correspondiente. El organizador debe definir, con los responsables deportivos y médicos, la cobertura, los medios de respuesta y las condiciones que obligarían a suspender la actividad.

Un recinto cerrado permite organizar controles y separar la competencia del tránsito cotidiano. El motociclismo deportivo, sin embargo, conserva riesgos que deben explicarse y gestionarse. La inscripción no debería producirse sin que el participante comprenda las exigencias y las condiciones de cobertura aplicables.

Los mecánicos también forman parte de la transición

Un programa centrado únicamente en quien lleva el manubrio dejaría fuera una parte esencial del proceso. Los talleres aportan conocimiento, empleo y capacidad de convocatoria. Su participación puede sostener la revisión de las motocicletas, la formación de aprendices y una cultura de mantenimiento con responsabilidades claras.

La inspección técnica debe verificar la aptitud de cada máquina para su categoría. La búsqueda de rendimiento tiene que sujetarse a reglas que protejan al piloto y a los demás. Registrar quién revisó el vehículo, qué observaciones hubo y cómo se resolvieron ayuda a que las exigencias sean iguales para todos.

También hay un cambio de prestigio posible: que el buen taller sea reconocido por preparar una motocicleta confiable, cumplir el reglamento y formar personal competente. Ese trabajo abre oportunidades dentro del deporte y mejora prácticas que resultan útiles fuera de la competencia.

Tres disciplinas que necesitan reglas distintas

La velocidad en circuito, el dragueo y el stunt o motociclismo de acrobacias no pueden organizarse como si fueran la misma actividad. La primera exige un trazado y procedimientos de carrera; el dragueo requiere condiciones específicas para salida, recorrido y detención; las exhibiciones necesitan áreas delimitadas y una separación adecuada del público.

En el lenguaje popular dominicano, los «caballitos», «ceritos» y otras maniobras forman parte de una cultura reconocible. Su incorporación a una exhibición profesional exige evaluar cada práctica, preparar el recinto y establecer límites. Un solar disponible o una calle cerrada informalmente no bastan para afirmar que existe un evento autorizado y seguro.

Referentes internacionales: profesionalizar la destreza

Arūnas «Aras» Gibieža: del aprendizaje temprano al espectáculo internacional

La biografía publicada por KTM describe que el lituano comenzó con un scooter de 50 cc, pasó a una superbike a los 16 años, participó en campeonatos y optó por el stunt profesional en 2008. Documenta su vínculo con Red Bull desde 2013 y exhibiciones como el Showrun de Lisboa. Su caso muestra una carrera sustentada en entrenamiento, competencias y producción profesional; la fuente no acredita la versión específica de que comenzó haciendo maniobras ilegales en avenidas de Vilna.

Jason Britton: acrobacias, televisión y una actividad empresarial

Britton es una referencia del stunt estadounidense. La African American Automotive Association destaca su participación en Super Bikes!, trabajos audiovisuales y colaboraciones con marcas, incluida Kawasaki. Su sitio oficial identifica a No Limit Motorsports como una empresa fundada en 2005. El ejemplo útil es la profesionalización alrededor del piloto: espectáculos, medios y servicios técnicos. Esas fuentes no bastan para atribuirle una trayectoria clandestina concreta en autopistas.

Dos motociclistas con casco ejecutan acrobacias durante una exhibición con público detrás de barreras.
Jason Britton y Eric Hoenshel durante una exhibición en Twentynine Palms, California, el 20 de octubre de 2012. Fotografía de archivo y contexto internacional; no corresponde a la iniciativa dominicana. Foto: D. J. Wu / USMC, vía DVIDS, identificada como dominio público. La aparición de información visual del Departamento de Guerra de Estados Unidos no implica ni constituye su respaldo.

Rok Bagoroš: una carrera profesional también necesita adaptarse

En una entrevista de KTM publicada el 21 de febrero de 2025, el esloveno explica su trayectoria con la familia Duke desde 2011 y la combinación de exhibiciones, creación de contenido y desarrollo de piezas. También describe la transformación del mercado de espectáculos después de la pandemia. Su experiencia aporta una lección para cualquier proyecto local: la sostenibilidad requiere trabajo técnico y un modelo económico que pueda mantenerse entre eventos.

Guy Martin: una competencia autorizada en carretera es otra categoría

El archivo oficial del TT de la Isla de Man documenta los resultados de Martin con TAS Racing, incluidos cuatro podios en 2011. Su participación corresponde a carreras autorizadas en carreteras cerradas al tránsito. Sería incorrecto presentarlas como carreras clandestinas. Tampoco permiten equiparar el riesgo de ese entorno con el de un circuito diseñado para competir. La experiencia dominicana debe evaluar su propio recinto y sus condiciones, sin trasladar mecánicamente ese formato.

Guy Martin conduce una Suzuki de competición por un tramo urbano del recorrido del TT de la Isla de Man.
Guy Martin durante una práctica del TT en Parliament Square, Ramsey, el 30 de mayo de 2013. Fotografía de archivo de una prueba autorizada en un recorrido cerrado al tránsito; no muestra una carrera clandestina. Foto: Agljones, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Sin alteraciones editoriales.

Keiichi Tsuchiya: la cultura del drift y una trayectoria de competición

El llamado «Drift King» conecta la cultura de los aficionados con el automovilismo profesional. Toyota lo reconoce como una figura clave en la formación del drifting como deporte. Su perfil de ARTA sitúa su debut competitivo en 1977, y el archivo oficial del campeonato japonés registra una victoria de clase GT2 en Le Mans en 1995 y el segundo puesto absoluto en 1999. Su historia es más compleja que una transición lineal desde la clandestinidad y no permite atribuirle en solitario la creación de la disciplina.

Keiichi Tsuchiya habla por un micrófono con indumentaria del equipo ARTA.
Keiichi Tsuchiya en Fuji Speedway, Japón, el 4 de mayo de 2008. Fotografía de archivo. Foto: Morio, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Sin alteraciones editoriales.

República Dominicana tiene referentes para construir una escuela propia

Jhonnattan Castro ofrece un ejemplo cercano de desarrollo deportivo. Su biografía oficial en Formula Drift relata el aprendizaje en eventos locales, la progresión desde el nivel amateur, cinco campeonatos nacionales y participación profesional en la serie estadounidense desde 2012. Esa trayectoria puede inspirar a nuevos pilotos sin atribuirle un origen ilegal que el perfil no documenta.

También existen referencias verificables en dos ruedas. El Comité Olímpico Dominicano registró en noviembre de 2013 el triunfo de Persio López Jr. en Pro-Bike. Por su parte, El Caribe documentó en abril de 2019 una victoria de Wayner Veras, «La Abejita», en SuperSports 600 cc. Son ejemplos de actividad competitiva formal; esos resultados no acreditan las versiones sobre supuestos inicios clandestinos ni permiten mezclar los palmarés de distintos integrantes de una familia.

La experiencia de pilotos, instructores y mecánicos del país podría ponerse al servicio de una escuela de entrada, mediante acuerdos definidos y remuneración cuando corresponda. Su papel más valioso sería transmitir hábitos deportivos y ayudar a evaluar capacidades. Aquí se plantea esa posibilidad; no se afirma que estas figuras ya formen parte del programa.

Del encuentro aislado a una alternativa que se pueda usar

En Estados Unidos, el programa NHRA Street Legal muestra un procedimiento de acceso a pista que incluye registro, inspección técnica y supervisión. Su guía consultada está dirigida a automóviles: interesa la organización del proceso, mientras que las exigencias dominicanas para motocicletas deben establecerse por separado.

Otra vía de entrada es la formación con simuladores. La FIA documentó en abril de 2022 un programa juvenil de la asociación automovilística de Hong Kong que combinaba teoría, simulación e instructores. Es una referencia histórica sobre captación y aprendizaje; no demuestra que haya reducido las carreras clandestinas ni sustituye la preparación práctica requerida para competir.

La propuesta de este medio es establecer un programa piloto con calendario, presupuesto y evaluación públicos. Debería identificar a los responsables de la organización, la formación, la inspección y la atención médica; publicar costos y ayudas disponibles; y ofrecer prácticas recurrentes. Cuando una persona no pueda pasar todavía a competencia, debe poder continuar aprendiendo bajo supervisión.

La accesibilidad territorial también cuenta. Quien vive lejos del autódromo necesita prever el traslado, el costo de llevar una motocicleta de competencia y el tiempo de la jornada. Una red de clubes y talleres puede facilitar esa organización. Cualquier expansión hacia otros recintos debe someterse a evaluación técnica y autorización, antes de anunciar competencias.

Este planteamiento da continuidad a la reflexión de Movilidad Urbana RD sobre motódromos regionales. La experiencia de Las Américas permite ensayar una ruta concreta y estudiar sus resultados antes de recomendar nuevas inversiones.

La fiscalización y el deporte deben trabajar con una misma finalidad

El artículo 267 de la Ley 63-17 prohíbe las competencias de velocidad en las vías públicas. La incorporación a actividades deportivas no elimina responsabilidades por hechos anteriores ni concede permiso para repetirlos fuera del recinto. Las autoridades deben mantener su labor de prevención y fiscalización.

El programa puede aportar un compromiso verificable de sus participantes y vías de contacto con sus grupos. El trato debe ser respetuoso y consistente: apoyar una oportunidad de cambio, aplicar las reglas por igual y evitar que la condición de antiguo corredor clandestino se convierta en un privilegio frente a otros jóvenes.

El éxito se mide también fuera de la pista

Contar inscripciones y entregar equipos permite conocer lo realizado. Para evaluar el efecto sobre las calles hace falta más: seguimiento de la permanencia en el programa, reincidencia, interrupciones del tránsito y siniestros relacionados con estas prácticas. La información debe tratarse con garantías de privacidad y criterios que permitan comparar periodos.

Asimismo, deben registrarse lesiones e incidentes dentro del recinto en relación con la cantidad de participantes y el tiempo de práctica. Comparar cifras brutas antes y después, sin considerar fiscalización, temporadas o cambios en la exposición, no demuestra por sí solo un efecto causal.

El lema «de la ilegalidad al deporte» plantea una oportunidad que merece una ejecución seria. Cada participante que encuentra una alternativa sostenible y abandona las competencias en vías abiertas representa un avance para su comunidad. El reto es acompañar ese cambio con formación, protección y continuidad, y demostrar que se mantiene cuando termina la jornada en el autódromo.

Material de referencia

El Recetario / Alofokenetwork: «¿Hay que legalizar las carreras de motores en RD?». Video facilitado para ampliar el debate. No se atribuyen declaraciones a sus participantes sin transcripción verificada.

Fecha de referencia editorial: 23 de octubre de 2026. Las jornadas y resultados deportivos citados se identifican con sus fechas; los requisitos y medidas planteados por Movilidad Urbana RD son propuestas, salvo donde se indique una implementación documentada.

Nota de edición — pendiente antes de publicar

Borrador: corroborar con los responsables el alcance de más de 500 competidores y un número similar de mecánicos; obtener el calendario y reglamento actuales; confirmar qué talleres y ayudas para indumentaria ya se ejecutan, cuántos participantes los reciben y cuáles compromisos de salida de las calles pueden documentarse. Las fuentes consultadas acreditan la jornada de 50 pilotos de septiembre, pero no esas otras cifras ni una retirada definitiva del conjunto. Esta nota debe resolverse y retirarse antes de publicar.

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