Este 31 de octubre se conmemora el Día Mundial de las Ciudades. El lema oficial de 2026 es “Regenerating the City: Adequate Housing for All”, que puede traducirse como “Regenerar la ciudad: vivienda adecuada para todas las personas”. La celebración global tiene como sede Fuzhou, China, y cierra el llamado Octubre Urbano de las Naciones Unidas.

La consigna va más allá de construir casas nuevas. ONU-Hábitat plantea mejorar los barrios existentes, sus servicios y espacios públicos, al tiempo que se protege a sus habitantes frente al desplazamiento. Es una conversación muy cercana a la realidad dominicana: ¿de qué sirve una vivienda si llegar al trabajo exige viajes largos, la calle se inunda o el agua no llega al interior del hogar?
Imagen de archivo: ilustración conceptual de viviendas, peatones, vegetación y agua elaborada para Movilidad Urbana RD. No documenta un barrio específico ni la jornada de la ONU.
Regenerar sin expulsar
La ONU explica el tema de este año como una invitación a combinar vivienda asequible, mejor infraestructura, conectividad, espacio público y adaptación climática. También subraya la participación de la comunidad y las salvaguardas que eviten que una mejora física termine elevando los costos hasta obligar a marcharse a quienes ya vivían allí.

Esa distinción importa. Repavimentar una calle o levantar edificios puede cambiar la apariencia de un sector, pero la regeneración urbana solo cumple su propósito social si sus residentes conservan acceso a vivienda, servicios y oportunidades. Los acuerdos sobre tenencia, alquileres, reasentamiento y costos de mantenimiento deben discutirse junto con los planos, no después de la obra.
Regeneración y gentrificación: la diferencia está en quién puede quedarse
La regeneración urbana es una intervención deliberada sobre un área que necesita mejores viviendas, servicios, espacio público, actividad económica o condiciones ambientales. Bien diseñada, atiende tanto el entorno físico como la vida social del barrio. La gentrificación, en cambio, describe una transformación socioeconómica: nuevas inversiones y residentes con mayor capacidad de pago presionan los precios del suelo y los alquileres, cambian la oferta comercial y pueden desplazar a hogares y negocios de menor ingreso. Son procesos relacionados, pero una obra de mejora no es, por sí sola, prueba de gentrificación. ONU-Hábitat distingue expresamente el potencial de la regeneración de ese riesgo.

La iniciativa pública puede actuar como catalizador. Una nueva plaza, drenaje, iluminación o estación de transporte mejora el área y también puede hacerla más atractiva para el capital privado. Si el plan se limita a la obra y no incorpora vivienda asequible ni protección de la permanencia, parte de la valorización puede traducirse en aumentos de renta, ventas forzadas o sustitución de comercios tradicionales por negocios dirigidos a consumidores de mayor poder adquisitivo o al turismo. No es un desenlace inevitable ni corresponde atribuirlo sin datos a un proyecto dominicano concreto: hay que seguir quién vivía y trabajaba allí, quién permanece y a qué costo.
Un estudio de 2026 publicado en Ciudad y Territorio Estudios Territoriales sobre El Cabanyal, Valencia, observó que priorizar la mejora física mientras se postergaban las relaciones sociales contribuyó a una gentrificación parcial, turistificación y desplazamiento de población desfavorecida. Es evidencia de ese caso, no una medición de lo que ocurre en República Dominicana. También recuerda que conservar la identidad de un barrio implica cuidar las redes vecinales y sus pequeños negocios, no solo sus fachadas.
En otros países, la revalorización puede aumentar impuestos prediales locales y sumar presión a propietarios residentes. En República Dominicana no debe trasladarse esa explicación como si existiera un cobro municipal general equivalente: la DGII administra el Impuesto al Patrimonio Inmobiliario (IPI), sujeto a umbral y exenciones. Para evaluar aquí un proyecto concreto habría que medir por separado alquileres, precios de compraventa, gastos del hogar, costos de los locales y cualquier obligación tributaria aplicable, sin presumir que todos los propietarios pagan IPI.
La respuesta, por tanto, no es detener el mejoramiento urbano. Es acompañarlo desde el inicio con participación efectiva de residentes, opciones de vivienda asequible bien ubicada, seguridad de tenencia conforme al marco legal, apoyo a negocios existentes y reglas transparentes para cualquier reasentamiento inevitable. Medir la permanencia de hogares y comercios antes y después de la intervención permite comprobar si los beneficios llegan a quienes soportaron durante años las carencias del barrio. Ese es precisamente el resguardo que el Día Mundial de las Ciudades 2026 sitúa junto a la regeneración.

Lo que nos dicen los datos dominicanos
El X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022 de la ONE registró que el 62.7 % de los hogares urbanos se abastecía de agua para uso doméstico mediante acueducto dentro de la vivienda. Ese indicador describe la fuente declarada en 2022; no mide por sí solo continuidad del suministro, calidad del agua ni la situación actual. Sí recuerda que la habitabilidad depende de redes que funcionen y lleguen al hogar.
En el plano institucional, la Ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos estableció instrumentos para planificar a escala nacional, regional y municipal, y clasificar el suelo según su vocación. El Decreto 396-25, anunciado en julio de 2025, aprobó su reglamento de aplicación. Tener ese marco no equivale a haber resuelto los problemas de cada barrio: el reto está en convertir planes y permisos en decisiones coordinadas, con seguimiento público.
Una casa también se mide por el camino que la conecta
Para Movilidad Urbana RD, la ubicación es parte de la calidad de la vivienda. Un hogar alejado de empleos, escuelas y centros de salud puede resultar aparentemente más barato, pero traslada a la familia el costo diario de los pasajes, las horas de viaje y los transbordos. La planificación habitacional debe conversar con las rutas de autobuses, el Metro, el teleférico, las aceras accesibles y los cruces seguros antes de aprobar grandes concentraciones de viviendas.
La lluvia reciente vuelve visible otra dimensión: el drenaje, el mantenimiento de cañadas, la recolección de residuos y las áreas capaces de retener o infiltrar agua son parte del entorno habitable. No basta atender una vivienda aislada si sus accesos quedan anegados o los servicios de emergencia no pueden entrar. Son prioridades de diseño y operación que deben verificarse con estudios locales, no promesas genéricas.

Cuatro transformaciones famosas y lo que realmente se midió
Los proyectos internacionales ofrecen resultados observables, pero ninguno demuestra por sí solo que toda la población original se benefició. Conviene leer cada indicador con su período, escala y posibles costos sociales.
Seúl: el arroyo Cheonggyecheon
Entre 2003 y 2005, Seúl retiró un viaducto y recuperó 5.84 kilómetros del arroyo Cheonggyecheon, según el gobierno metropolitano. Una evaluación de desempeño paisajístico documentó que, al comparar sitios, la temperatura junto al cauce era entre 3.3 °C y 5.9 °C menor que en una vía paralela situada a cuatro a siete cuadras; no se trata de una reducción uniforme en toda la ciudad. En los recuentos de 2003 y 2008, las especies de plantas registradas pasaron de 62 a 308.
El mismo estudio reportó alzas de 30 % a 50 % en el precio del suelo a menos de 50 metros del proyecto. Esa valorización ayuda a explicar el atractivo de la inversión, pero también obliga a preguntar si comerciantes y residentes podían asumir los nuevos costos. La intervención requirió medidas de apoyo a negocios y correcciones posteriores de accesibilidad: los buenos indicadores ambientales no sustituyen la evaluación social.

Nueva York: High Line y la transformación de West Chelsea
La conversión de una antigua vía ferroviaria elevada en parque abrió su primera etapa en 2009. En junio de 2011, la ciudad de Nueva York informó que el espacio había recibido más de cuatro millones de visitas acumuladas desde su apertura. En el entorno se habían iniciado al menos 29 grandes proyectos, vinculados a más de US$2,000 millones en inversión privada, y los permisos de nuevas edificaciones cercanas se habían duplicado desde 2006.
Son resultados comunicados en 2011, no cifras actuales. La propia ciudad los situó junto a la rezonificación de 2005 y la construcción del parque; atribuir toda la inversión exclusivamente a High Line sería una conclusión causal que esos datos no permiten. Tampoco el número de visitantes informa, por sí solo, si los antiguos hogares y comercios permanecieron.

Medellín: Metrocable y acceso a oportunidades
El Metrocable conectó laderas de menores ingresos con la red de transporte masivo y se articuló con intervenciones urbanas de barrio. Un estudio publicado en 2014 en Journal of Transport Geography estimó que, para la población analizada en su área de influencia, se duplicó el número de oportunidades de empleo alcanzables en centros importantes de actividad. Eso mide accesibilidad potencial, no el número de personas contratadas ni un aumento de salarios.
Los autores examinaron alquileres, transporte y servicios mediante modelos comparativos y no encontraron una relación estadísticamente concluyente entre el cable y los cambios en esos costos para las poblaciones comparadas. Ese resultado es una cautela útil: tampoco demuestra que no haya habido presiones de desplazamiento en todos los barrios o períodos. Cada proyecto dominicano necesita su propia línea de base.
Singapur: un río limpio con reubicaciones masivas
La recuperación del río Singapur y de la cuenca de Kallang se desarrolló entre 1977 y 1987. La plataforma patrimonial del Gobierno de Singapur documenta que más de 46,000 habitantes de asentamientos fueron trasladados a vivienda pública y cerca de 5,000 vendedores pasaron a centros de comercio durante el proceso. El saneamiento del agua fue una transformación de gran escala, pero la magnitud de las reubicaciones impide reducir su balance a una foto de un frente fluvial renovado. Vivienda de destino, continuidad de ingresos y redes comunitarias también son resultados que deben examinarse.

Para República Dominicana, estos ejemplos no son recetas para copiar. Sugieren un tablero de evaluación completo: calidad ambiental, drenaje, accesibilidad y uso del espacio público, junto con alquileres, actividad de negocios tradicionales, costos de mantenimiento y porcentaje de hogares originales que pueden permanecer. La obra visible es el comienzo de la medición, no el resultado final.
Una agenda verificable para nuestras ciudades
Como propuesta editorial, este Día Mundial de las Ciudades debería servir para publicar diagnósticos de barrio, priorizar mejoramientos donde ya vive la gente y medir resultados concretos: hogares conectados a servicios, tiempos de viaje, accesibilidad peatonal, exposición a inundaciones y permanencia de residentes tras las intervenciones. Los ayuntamientos, las instituciones de vivienda y las de transporte tienen piezas distintas de una misma tarea.

Regenerar la ciudad dominicana significa que una familia pueda vivir cerca de oportunidades, caminar con seguridad hasta una parada y permanecer en su comunidad cuando el entorno mejore. Esa es una prueba más exigente —y más útil— que contar viviendas o inaugurar obras por separado.
Fuentes y fecha de referencia
Consulta realizada el 31 de octubre de 2026: Naciones Unidas, Día Mundial de las Ciudades 2026; ONU-Hábitat, comunicado del 22 de octubre de 2026; ONE, infografía del Censo 2022; Presidencia, Ley 368-22 y Decreto 396-25.




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