La promesa de mejorar el agua potable se comprueba mucho después de que una brigada termina un empalme: cuando el suministro llega a las viviendas con presión suficiente, regularidad y calidad. En el Gran Santo Domingo, donde una avería puede afectar a varios sectores, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) desplegó cuadrillas del Plan de Zona para trabajar en conexiones, fugas y componentes estratégicos de la red. Las intervenciones, divulgadas el 2 de noviembre de 2026, abarcan el Distrito Nacional y Santo Domingo Este.

La noticia ocurre en una etapa de ampliación de la capacidad operativa de la institución. El desafío siguiente es convertir más reparaciones y equipos disponibles en un servicio verificablemente mejor para las familias, con información desagregada por sector.
Tres pozos en Cristo Rey y trabajos en Haina-Manoguayabo
Según el comunicado oficial publicado por Presidencia el 2 de noviembre, las brigadas atendieron empalmes y averías en varios puntos del Distrito Nacional y Santo Domingo Este. Una de las actuaciones destacadas fue la interconexión de tres pozos en Cristo Park, Cristo Rey, destinada a reforzar una tubería de 12 pulgadas que sirve a hogares del sector y sus alrededores.
El director de la CAASD, Felipe «Fellito» Suberví, también supervisó los avances en la rehabilitación del acueducto Haina-Manoguayabo y el acondicionamiento de llenaderos y tanques de partición situados en el kilómetro 9 de la autopista Duarte. Este sistema participa en el abastecimiento de una parte importante del Distrito Nacional y de Santo Domingo Oeste.

El comunicado describe trabajos ejecutados y avances observados por la institución, pero no suministra caudales antes y después del empalme, presión medida en los hogares, horas diarias de servicio ni un cronograma de cierre por componente. Por ello, el beneficio anunciado debe distinguirse de un resultado medido y publicado.
El Plan de Zona no comenzó esta semana
El programa fue puesto en marcha en noviembre de 2025. En su presentación, la Presidencia informó de una inversión inicial superior a RD$700 millones, 141 equipos y una organización territorial de 20 microzonas, con responsables técnicos, brigadas y seguimiento desde un centro de monitoreo. El propósito era acercar el mantenimiento a los usuarios y reducir los tiempos de respuesta.
En octubre de 2026, una entrevista de Diario Libre con la Subdirección de Operaciones de la CAASD describió una estructura de 26 zonas operativas que agrupa 48 sectores catastrales y atiende 1,118 barrios y urbanizaciones. Esa cifra difiere de las 20 microzonas señaladas en el lanzamiento. No necesariamente se trata de una contradicción: podrían corresponder a fases o escalas de organización distintas, pero convendría que la institución publique una delimitación territorial vigente y estable, con responsables, cobertura y rutas de atención.
Las reparaciones aumentaron: ¿qué demuestran los datos?
Los resultados operativos divulgados en octubre permiten ir más allá de las fotografías de maquinaria. Entre enero y abril de 2026, la CAASD reportó 5,412 averías corregidas en redes de agua potable, frente a 2,783 durante los mismos cuatro meses de 2025. La diferencia equivale a un incremento de aproximadamente 94.5 % en intervenciones registradas. La institución atribuye esa expansión de capacidad al Plan de Zona.
Para enero–agosto de 2026, las reparaciones acumuladas informadas fueron 13,156. Es un volumen superior a las 8,288 reparaciones citadas para todo 2025, aunque esos períodos no son equivalentes y deben presentarse con sus fechas precisas. También se informó del mantenimiento de más de 1.15 millones de metros lineales de redes sanitarias hasta agosto; ese indicador corresponde a alcantarillado, no a extensión nueva de tuberías de agua potable.
Una cifra mayor de averías corregidas puede reflejar brigadas mejor equipadas, mayor registro de incidentes, atención de reclamaciones acumuladas o una combinación de factores. Por sí misma no demuestra que hayan disminuido las fugas existentes ni que haya mejorado la continuidad del agua en todas las zonas. Para evaluar la eficacia es necesario acompañarla de averías pendientes, recurrencia, duración promedio de interrupciones y pérdidas de agua antes y después de reparar.

Qué significa una mejor gestión para una familia
Cuando se rompe una tubería, el problema no siempre termina en la red. Puede obligar a almacenar agua, comprarla por otras vías, reorganizar tareas domésticas o interrumpir actividades comerciales y escolares. Si la reparación implica abrir una calle, también afecta peatones, vehículos, accesos y transporte colectivo. Ese vínculo entre infraestructura subterránea y funcionamiento de la ciudad explica por qué el tema forma parte de la agenda de movilidad y territorio.
En una operación de mantenimiento urbano, la coordinación entre empresa de agua, ayuntamiento y autoridad de tránsito debe cubrir señalización preventiva, paso accesible para peatones, circulación de autobuses y camiones, protección de excavaciones y reposición duradera del pavimento. Un empalme terminado no debería convertirse en un bache, una acera interrumpida o un cruce inseguro.
Cinco indicadores para comprobar la mejora del servicio
- Continuidad por sector: horas diarias de suministro, días de interrupción y frecuencia de cambios imprevistos.
- Presión y calidad: mediciones en puntos de la red y controles sanitarios antes y después de las intervenciones.
- Tiempo de respuesta: desde que se registra la avería hasta su cierre efectivo, con casos pendientes y reincidentes.
- Pérdidas de agua: volumen producido, entregado, medido y no contabilizado, diferenciando pérdidas físicas de comerciales.
- Impacto urbano de cada trabajo: duración de excavaciones, gestión de accesos, reposición vial y reclamaciones de usuarios.
Publicar esos indicadores por zona permitiría comprobar si el despliegue de brigadas beneficia también a los barrios que históricamente reciben menos horas de suministro, y ayudaría a distinguir las mejoras puntuales de una transformación sostenida del sistema.
La infraestructura y la operación deben evaluarse juntas
Las redes existentes necesitan mantenimiento permanente, pero el mantenimiento no reemplaza toda la inversión en captación, tratamiento, almacenamiento y distribución. Del mismo modo, aumentar la producción total de agua no asegura que todos los hogares la reciban durante las mismas horas: las diferencias de presión, fugas, topografía y operación pueden mantener desigualdades territoriales.
En su balance de 2025, la CAASD informó una producción superior a 450 millones de galones diarios y más de 7,800 averías corregidas. Son referencias de escala institucional, no mediciones del efecto particular de los empalmes de noviembre de 2026 ni garantía de suministro constante para todos los sectores.
La reorganización territorial puede ser una herramienta útil para acelerar soluciones, siempre que el despliegue se acompañe de información verificable sobre los cambios que experimentan los usuarios. El resultado importante no es cuántas brigadas salen a la calle, sino cuántas familias reciben agua de manera más confiable, con menos pérdidas, menores interrupciones y obras que respeten el espacio público.
Fuentes y alcance
Presidencia de la República, comunicado del 2 de noviembre de 2026; Presidencia, lanzamiento del Plan de Zona, 24 de noviembre de 2025; Diario Libre, entrevista y resultados operativos, 26 de octubre de 2026; Presidencia, balance operativo 2025, 2 de enero de 2026. Referencia editorial: 3 de noviembre de 2026. Los datos de operación son cifras comunicadas por CAASD y reproducidas con atribución; los criterios de evaluación del servicio y manejo del tránsito son propuestas de análisis de Movilidad Urbana RD, no inspecciones realizadas en los sitios.




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