La juventud siempre abogará por un cambio en pos del bien común.

Desde el inicio de nuestra República, los jóvenes fueron la punta de lanza para los cambios necesarios de nuestra nación. Los Trinitarios en su mayoria adolescentes y jóvenes menores de 27 años, marcaron la pauta a seguir, participando activa en las decisiones politicas en nuestra isla. Lamentablemente, este brío se ha ido disipando a razón del desaliento que han provocado gobiernos tras gobiernos que les han fallado como núcleo primario, en la aplicación de políticas públicas tan elementales como la educación. Al llegar al punto de creerse de que a los jóvenes no les interesa el rumbo del país, renunciando  a su poder de decisión y que les importan menos quienes decidirán por ellos.

La juventud cada vez más presente en los espacios de opinión

En el fondo, no es del todo cierto que la juventud no le interesa la política y su necesidad para cambiar el país, sino más bien que su falta de motivación se produce por el desapego o rechazo a los partidos políticos y las instituciones.

Esto último se debe a que en República Dominicana, la credibilidad de los partidos ha tocado fondo por ciertos actores corruptos de cada uno, que como partidos no han sabido rechazar y sacar a un lado, enviando una mala imagen de complicidad.

Pero a la vez, el discurso constante de que todos los partidos no sirven, obviando la realidad de que solo se puede ser una opción de poder, y por ende de cambio, es a través de los partidos, en los escenarios electivos y de decisión legislativa o municipales.
A eso se suma la retranca de cada partido a sumar figuras jóvenes de relevo que no sean sus hijos y esposas, no es que no tengan preparación sino a que les empujan a la cima con competencia desleal. Que en vez de asumir un rol de asesores y guías para las futuras generaciones, optan por fomentar el nepotismo.

Rol de los partidos con la juventud

Los partidos deben asumir la realidad de que existe un interés de los jóvenes en la política y a la vez un rechazo hacia las instituciones y partidos, que de algun modo hay que volver a enlazar. Entendiendo que ese interés va muy atado a un interés personal o grupal del joven, y no al clásico activismo histórico que hoy carece de liderazgos que los inspiren. El problema subyace en la inspiración, la oferta partidaria por ideales que concatenen con los ideales de la juventud debidamente guiada.
Varios informes y estudios recogen el desapego creciente de las capas más jóvenes de nuestra sociedad hacia los partidos políticos.
Aún así, y pese a esa desconfianza, son muchos miles los jóvenes que militan y/o simpatizan con las distintas opciones políticas. Es ahí donde se debe cosechar ese importante motor de desarrollo y de acción para las formaciones socio-politicas.

Es por esto que los Partidos, en vez de concentrarse solo en adherir patrocinadores económicos y candidatos al vapor que tienen mucha riqueza, deben asumir como prioridad de que las juventudes de los partidos son la cantera que va nutriendo a las formaciones políticas de dirigentes que han bebido el ideario del partido desde edades tempranas. Que deben retomar las líneas ideológicas en cada rama (social, económica y política), con debates de propuestas y un trabajo permanente en validar discursos con sus acciones.

El hecho de que los jóvenes se desapeguen más de lo que es la política es que la misma dejó de representar un cambio, los partidos dejaron de ser espacios para la mejora y la confrontación de ideas.
«Todos son los mismos» es la frase más escuchada.

Entonces, ¿qué hacer?

Participar en política no es fácil para muchos de ellos, ya que muchos de sus amigos, víctimas de la desafección política, no entienden qué hacen en las juventudes de un partido político.
Eso no les impide tener la ilusión de trabajar por las ideas en las que creen. De hecho, frente a polarización ideológica existente, los jóvenes suelen apostar por el diálogo y la confrontación de ideas.
Para ellos, y aunque saben que romper con esa dinámica de gran irritación social es complicado, la polarización política solo lleva a que aumente la brecha entre políticos y ciudadanos.

Los jóvenes políticos tienen la tarea de normalizar la colaboración y el diálogo en pos del bien común, poniendo el foco en la política de cercanía, para intentar acercarse a los ciudadanos que ven a la política como algo alejado de sus problemas.

Pero al margen de los problemas que afectan a la imagen de la política en general, los jóvenes que quieren ejercer el liderazgo político deben mostrarse muy preocupados por los problemas que afectan a la gente de su edad. Particularmente, sienten gran preocupación por la seguridad ciudadana, la educación técnica-profesional y por el empleo. Saben que del acceso a un empleo digno depende resolver otros problemas, como los problemas para acceder a una vivienda, la emancipación, o la posibilidad de hacer planes de futuro.

Como siempre, la juventud implica una buena dosis de esperanza y de optimismo de cara al futuro. Por eso, entre los jóvenes que están en política cunde la idea de que la crisis producto de la pandemia, puede ser una oportunidad para buscar soluciones a problemas endémicos que hasta ahora no tenían solución, siempre que se ponga voluntad y valentía para resolverlos y ofrecer alternativas imaginativas.