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Movilidad Urbana RD

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La segunda etapa de Mi Vivienda Hato del Yaque avanza en Santiago con una inversión anunciada superior a RD$3,400 millones y 1,200 apartamentos distribuidos en 150 edificios. En una información difundida el 2 de noviembre de 2026, el Ministerio de Vivienda y Edificaciones (Mivhed) indicó que 320 unidades ya se entregaron y otras 880 siguen pendientes de entrega. El proyecto está dirigido a familias reubicadas desde el entorno vulnerable del Arroyo Gurabo.

Para una familia que cambia de vivienda, mudarse a un apartamento nuevo no resuelve por sí solo el acceso cotidiano al trabajo, la escuela o los servicios médicos. Esa es la dimensión de movilidad y territorio que vale la pena seguir cuando un conjunto residencial de esta escala entra en funcionamiento.

Lo entregado no es lo mismo que el avance físico

Las 320 viviendas entregadas representan aproximadamente 26.7 % del total anunciado de 1,200 unidades. El ministerio también informa que la segunda fase supera 50 % de avance de obra. Ambas cifras describen realidades distintas: el porcentaje físico abarca trabajos ejecutados, mientras que el porcentaje de entrega mide unidades que ya están en manos de sus destinatarios. No deben utilizarse como si fueran equivalentes.

Según el reporte, el desarrollo contempla áreas sociales, instalaciones deportivas y calles asfaltadas. En el sector Los Jiménez de Hato del Yaque también se supervisaron trabajos de asfaltado y mejoramiento de viviendas con condiciones de riesgo. La institución no publica en esa nota un inventario de aceras continuas, rutas de transporte disponibles, tiempos de acceso ni indicadores de conectividad del conjunto.

La reubicación tiene una geografía cotidiana

El beneficio habitacional debe observarse junto a la localización de empleos y servicios. Un reasentamiento puede reducir exposición a amenazas ambientales y ofrecer mejores condiciones constructivas; también puede imponer costos nuevos cuando la vivienda queda lejos de las actividades habituales. No hay datos en el comunicado para afirmar que uno u otro efecto haya ocurrido en Hato del Yaque. Precisamente por eso es necesario medirlos.

Para valorar el proyecto una vez ocupado, proponemos publicar un balance de acceso con cuatro indicadores:

  • Tiempo y costo de desplazamiento al trabajo y a centros educativos de los hogares reubicados, comparados con sus viajes anteriores.
  • Distancia real y calidad del recorrido peatonal desde cada edificio a paradas de transporte, escuelas, espacios recreativos y establecimientos de salud.
  • Frecuencia y cobertura de los servicios colectivos utilizados por los residentes, incluidos desplazamientos en horas de menor demanda.
  • Condiciones de accesibilidad universal, iluminación, drenaje, cruces seguros y velocidad vehicular dentro y alrededor del complejo.

Una red de servicios, no solo una urbanización terminada

Concentrar 1,200 viviendas implica una demanda potencial de desplazamientos que merece ser incorporada a la planificación local. El número de hogares no permite convertir automáticamente unidades habitacionales en viajes vehiculares: deben conocerse la composición familiar, tasas de generación de viajes, distribución modal, motivos y horas de desplazamiento. Contar viviendas no equivale a estimar vehículos particulares.

La ejecución del proyecto exige coordinación entre vivienda, gobierno local, prestadores de servicios y autoridades de transporte. Un resultado positivo sería que la población dispusiera de acceso seguro y asequible a sus actividades diarias, no únicamente de una edificación terminada.

Fuente y referencia: comunicado institucional del Mivhed, 2 de noviembre de 2026. Las métricas de accesibilidad propuestas son criterios de evaluación editorial, no resultados oficiales ni datos levantados en el sitio.

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