Pensar que solo enfocar inversión políticas públicas en asistencialismo, sacaremos estratos de la pobreza, sin aplicar una mayor prioridad de inversión en Capacitación y Creación de Oportunidades, demuestra un total desconocimiento de la desigualdad socioeconómica. Bien lo explica de manera concisa «el circulo de la pobreza».

¿Cómo puede lograrse la superación de la pobreza?
Ayudando a las personas a desarrollar sus capacidades y promoviendo oportunidades para que puedan ejercerlas de acuerdo con sus planes particulares. Y solo adicionar asistencialismo para el estrato en extrema pobreza.
Gobiernos tras gobiernos han asumido, sin sentido de la proporción, la ejecución de programas sociales que pretenden hacerse cargo del bienestar de los ciudadanos, desde su concepción hasta su muerte.
Pero una cosa es que el Estado promueva el desarrollo de las capacidades y oportunidades de los ciudadanos para que estos puedan vivir dignamente sus vidas y algo muy distinto es que el Estado, a través de una mal enfocada estrategia de políticas públicas, pretenda garantizar por si sólo el bienestar de cada uno, a sabiendas de que sería incosteable.

Existe una desigualdad asociada al emprendimiento y la competencia, la cual es inevitable e, incluso, resulta favorable para el desarrollo. Existe también una desigualdad derivada del poder y la discriminación, expresión de prácticas que irrespetan las instituciones o las acomodan a fines particulares.
Con respecto al primer tipo de desigualdad, lo requerido es prestar apoyo para que las personas desarrollen o actualicen sus capacidades productivas, sobre todo en momentos de transición tecnológica. La desigualdad del segundo tipo es la que debe ser enfrentada decididamente. En tal sentido podemos concluir diciendo que la lucha por una distribución del ingreso menos desigual es, bien entendida, la lucha por el logro de instituciones justas y por la superación de la discriminación social.

Una política social integral es imprescindible para que todo ciudadano pueda participar en el bienestar de la sociedad, así como en su generación. Es posible diferenciar, dentro de una política social integral, tres tipos de programas:
- Los programas sociales del tipo 1, destinados a promover el desarrollo de capacidades en las personas.
- Los programas sociales del tipo 2, orientados a la generación de oportunidades en distintos ámbitos de la vida social.
- Los programas sociales del tipo 3, destinados al apoyo a personas que se hallan en situaciones precarias que ponen en riesgo su supervivencia.
Hablo, en síntesis, de programas capacitadores (tipo 1), incluyentes (tipo 2) y asistenciales (tipo 3). Quiero ofrecer algunas reflexiones sobre temas asociados a cada uno de tales programas. De los programas sociales capacitadores se espera la prestación de variados servicios que permitan a las personas desarrollar, mantener o recuperar ciertas capacidades y condiciones. Los conocidos seguros de pensiones, de salud y de desempleo pueden ser vistos como programas capacitadores.

Los programas sociales incluyentes, por su parte, tienen como propósito abrir espacios y diseñar mecanismos para que las personas puedan hacer el mejor uso posible de sus capacidades. Tales programas son variados e incluyen, entre otros, programas de “primer empleo”, de mejoramiento de las condiciones laborales, de participación en la gestión empresarial, de promoción del emprendimiento, de titularización de activos, de “bancarización” (que incluye no sólo acceso al crédito, sino también al ahorro).
Finalmente, los programas sociales asistenciales deben llegar a segmentos de la población que, por circunstancias diversas, viven en condiciones de alta vulnerabilidad y necesitan de protección especial por parte de la sociedad. Entre tales segmentos poblacionales podemos incluir a menores transgresores, indigentes, personas en pobreza extrema o población en zonas especiales como fronteras, parques nacionales o áreas rurales remotas.
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